Amados hermanos, en II a los Corintios 2:14 el Señor, por medio del apostolado de su siervo, nos revela la naturaleza triunfal de los hijos de Dios. El texto dice: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.” La palabra “triunfo” nos viene del latín en su forma “triunfare” que significa no sólo ganar la victoria, sino celebrarla con gran alegría por medio de una procesión pública en la que se exhiben a los vencidos encadenados y a los libertados engalanados con gran gozo y alegría. Así que, triunfar es vencer al enemigo y gozarnos exhibiendo su derrota. La vida cristiana es un peregrinaje, una procesión ininterrumpida guiada por la mano de Dios de victoria en victoria en Cristo Jesús. El apóstol Pablo había salido de Antioquia de Siria, por mandato del Espíritu Santo derrotando a Satanás dondequiera que llegaba. Nuevas iglesias eran plantadas, presbíteros y ancianos eran nombrados, habiendo sido resucitados del lodazal del pecado. Discípulos jóvenes se comprometían con la obra de Dios y el Reino se extendía hacia fronteras lejanas. Pero Pablo no se detenía dándose por satisfecho con las victorias ganadas, sino que entendía que cada victoria ganada era la preparación para ganar otras mayores. No se detendría hasta el día en que venciendo a la muerte, recibiera del Señor la promoción de ascender a las mansiones celestiales. No quería cometer el mismo error del profeta Elías, quien después de un descomunal triunfo sobre los profetas de Baal, se dejó intimidar por Jezabel esposa del rey de Israel y huyó despavorido. Satán sabe muy bien que en este fin de semana, en el nombre y en el poder de Jesús, el Hijo de Dios, vamos a disfrutar muchas victorias. Pero sabemos también que en sus estratagemas diabólicas tratará de que nos detengamos satisfechos por lo que hemos obtenido. No, queridos hermanos, hay muchas victorias por ganar, muchas almas por salvar, muchas alturas por alcanzar. El León de la tribu de Judá, que tiene la llave de David en su diestra, abrirá todas las puertas que el enemigo mantiene cerradas, y sólo lo hará si estamos listos para entrar y conquistar, en Su nombre y para Su gloria. Si Satán y sus huestes nos presentan batalla, habrá victoria, si hay enemigos, éstos serán derrotados, si hay cautivos, serán liberados y traídos a la vida de la comunidad de los creyentes. Y todo esto en el nombre de Jesús quien nos amó y dio su vida por todos nosotros. Quiero concluir dejando que la misma Palabra nos exhorte y nos persuada cuando dice: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (I Cor. 15:58)